La primera vez que yo vi el cine en Escóznar fué en el salón de Pepe que comentamos en el artículo anterior. Dos personas forasteras, Álvaro de mediana edad y Antonio, joven que encandilaba a las mozuelas, venían en una moto con los rollos de las películas y el proyector. No recuerdo si se anunciaba antes la película pero el hecho es que el salón se llenaba. La gente entraba sin pasar por taquilla e iban ocupando sus asientos. Despues uno de los dos pasaba cobrando. Las sillas estaban muy apretadas y muchos niños se colaban escondiéndose bajo las piernas de los espectadores ya acomodados. La corriente eléctrica se conseguía enganchando unos cables a la línea de alta tensión que pasaba por encima del tejado. El encargado de hacerlo casi siempre era un vecino del pueblo conocido como Juanillo Paca. Se subía al tejado y con la ayuda de un palo y con cierto suspense y peligro conseguía hacer el enganche que al final de la función tendría que deshacer. Se proyectaban casi siempre películas del oeste. No recuerdo como las anunciaban lo que sí recuerdo es que antes del inicio de la película ponían música alta y recuerdo principalmente La casita en Canadá.
Unos años más tarde, ya próximo a los 60, Manolo, Manuel Ruiz Cuesta acondicionó minimamente un corral y lo convirtió en cine de verano y poco después construyó, junto al cine de verano, una nueva sala insonorizada y dotada de cabina de proyeción, una taquilla que al menos en alguna temporada fué atendida por Juan Carrillo y un servicio de ambigú (creo que así se llamaba a un pequeño bar que había en la antesala del cine y que atendía el propio Manolo). El cine, con el nombre de IMPERIAL CIEMA,se inauguró con la bendición de la bendición de la Iglesia como era costumbre en aquellos tiempos. Yo asiztí la inauguración en calidad de monaguillo con el cura párroco don Francisco Matínez al que conociamos vulgarmente como el cura "rubio". Recuerdo una frase que dijo el cura al finalizar la bendición. Dijo: "esta es la cremonia más inutil que hacemos los curas". Ni que decir tiene que las películas no solo tenían los cortes reglamentarios para el cambio de rollos sino que a veces tenía otros imprevistos que las hacían insufribles. Las películas se anunciaban colocando las carteleras en la plaza (esquina de María la Paco) y en el verano, en la hora anterior al comienzo de la película ponian una música muy alta que se oía en todo el pueblo. Quedan en mi recuerdo un par de caciones de Jose Luís y su guitarra: Mariquilla y Campesina